La casa de una escritora en Wales, Jan Morris

Ya estamos en mi Septiembre amado. Es un mes que disfruto desde pequeña, porque guarda muchos acontecimientos dentro de sus días.
Ya comenzó regalándonos días más fresquitos, y eso que este Agosto fue de lo más agradable, pero Septiembre, trajo otro aroma, otro viento...tal vez más del norte. Me sentía distinta, las tazas de té sabían más al té que recuerdo...

Estando en estos días de Septiembre, y limpiando parte de la librería de casa, encontré un libro que quería leer...pero olvidé quizá hacerlo. Estaba tumbado, como esperando su momento. No es de esos que colocas en fila, sino que tenía su lomo en horizontal, por lo que no dudé en rescatarle de un olvido injusto.

Este libro lo adquirí hace un par de años en Urueña. Es de segunda mano. Tuvo otros dueños anteriormente, y me encanta que sea así con este libro en concreto, porque de algún modo se entremezcla con la propia historia del libro.

Es un ensayo, o algo parecido, porque la autora se dirige en ocasiones al lector. Y es una invitación en toda regla a la casa de una escritora muy especial. Mientras iba leyendo el libro,...me dí cuenta que no conocía nada de Jan Morris, la autora, por lo que investigué un poquito sobre ella, y he de decir que es tan interesante como el libro.

Ella fue él en otro tiempo...Nació como hombre y se llamaba James. Se casó por los años cuarenta con una mujer, Elizabeth, y tuvieron cinco hijos. Antes de iniciar su camino con Elizabeth, por lo que cuentan las redes, ya estaba informada de lo que él sentía. Por lo que en los años sesenta o setenta, hizo visible su transformación. Elizabeth y Jan ya no estaban casadas, por lo que hace no muchos años volvieron casarse como dos mujeres libres que llevaban juntas más de cuarenta años.

¿Interesante, verdad? Pero el libro lo es aún más. Hay que leerlo con ritmo, porque al ser un ensayo puede que pierdas un poco el interés, por lo que es importante no dejarle abandonado a su suerte.

Jan comienza a hablarte como si estuvieras cerca, husmeando por el camino que transita a su casa...y ella sale a recibirte y te invitara a un té en su agradable cocina. Como buena anfitriona galesa, te ofrecerá todo o mejor dicho, te lo dará, antes de que lo pidas. Quedarás impresionada por su amabilidad, y encenderá la estufa noruega que tiene en otro lado de la casa, para contarte la historia de aquella casa llamada Trefan Morris. Me encanta que las casas tengan nombre. Ella le añadió Morris. Es genial, es como si la aportaremos una mayor identidad.  Como dice en algún lugar del libro; las piedras seguirán allí aunque nos vayamos todos.

Bueno, como digo, con taza de té en mano, puede que el cartero se pase a dejar las cartas (con algo de retraso, porque ya se ha parado en otra casa a tomar algo) y le invite también a él. Pero ella no se distraerá de su historia. Primero nos contará que es "patriota galesa". Incidiendo en la palabra "patriota" que le gusta más que nacionalista. (En pleno bullicio con el Brexit, me parecía una lectura ideal. Pensar en todas las personas que navegan por entre el desconcierto de los sucesos actuales, era como escuchar a alguien que ya está hablando de algo similar en su propia historia).

Eché algo más de té en mi taza y un poco de leche con azúcar. Miré por la ventana de la cocina. Puedes desaparecer casi al instante con tanta belleza. Allí las montañas, y no colinas, porque son montañas, y ya está...tienen sus nombres. En el libro te puede parecer que te hablan como en "Juego de Tronos", aunque no he visto la serie, sé que hay muchos nombres con consonantes juntas que parecen de otros tiempos. Ella se remonta al pasado celta, a que los galeses eran los ingleses pertenecientes a aquella isla, que fue siendo invadida por sajones, etc. No siento que sea una patriota enfadada, leyendo el libro...ya que imagino,  que quizá puede costar un poco saber de quienes somos...es decir...a qué estirpe pertenecemos.
Esto me recuerda a cuando mi abuela en mi pueblo extremeño, me preguntaba con quien había estado. Tenía que decirle quien era, y ella me preguntaba, y "el muchacho o la muchacha... ¿de quién es?". ¿De quién es? Le contestaba yo algo molesta, pues..."de su madre y de su padre, abuelita", Mi abuela se entristecía, porque no se enfadaba mucho conmigo, y al poco la decía que era de "peliblanco" o el mote que mantuviera su familia de por vida....Den gracias a los ancestros, ya que sin ellos no nos habríamos reído tanto. 

Sigamos con Jan y su casa. Ella la presenta de un modo tan especial, que quise interesarme por la mía propia. Ella se remonta a más atrás de la Edad Media, para contarnos quienes pudieron estar allí, quienes acogieron aquellas piedras y tierras,...Jan ha viajado por todo el mundo, tal vez como la propia casa, pero ésta sin moverse del sitio...Sin embargo Jan, espera el mejor viaje siempre...a Trefan Morris,  su casa, su hogar, es el lugar al que tiene prisa en pisar. Vive feliz. Con Ibsen y Elizabeth. Ibsen es un gato noruego...el resto se moría muy pronto por el clima.
Las piedras de este hogar, pueden contarte tantas historias, que no terminaría en una vida entera...Pero por lo visto, en realidad, ellas viven en una casa que antes fue un establo. Es decir, un trozo de Trefan, aunque un trozo grande, porque hay otra vivienda más y tierras...
Cerca, como a dos o tres kilómetros tienen el mar. Pero el interior de la casa rezuma a paz...con algo de ese fervor galés, que los determina.
Además, cuando paseamos por su casa, mientras nos la enseñaba y nos muestra el cuarto en el que escribe, nos habla de sus libros...
"No he contado nunca los libros de mi biblioteca, (...). Los amo a todos, cualquiera que sea el tema que traten, cualquiera que sea su estado, cualquiera que sea su tamaño. Me gusta moverme entre ellos, acariciarles el lomo. Me gusta sentarme en el sofá junto a ellos, contemplarlo. Me gusta el tacto de los libros entre mis dedos, me gusta su olor..."

¿Quién de quienes pasamos ratos por aquí no diría que son también sus palabras? Sé que hay escritoras y escritores entre quienes me visitan. Lo somos. Aunque no publiquemos nada...aunque nuestras hojas se queden en el silencio del bullicio del éxito o la fama.

Me siento escritora voraz, que no siempre encuentra el tiempo para hacerlo, porque considera que es una "actividad personal"...algo que he de hacer en "mi tiempo libre"...
Sin embargo no solo soy escritora...amo también lo que hago, lo que vivo,...el trabajo que desempeño, aunque no recibiera un euro por él...lo seguiría haciendo. Quizá menos tiempo, claro, pero no lo abandonaría.

Tras leer el libro y hablar tanto de las piedras de la casa Trefan Morris, consideré que llegó el momento por interesarme por la mía,...
Mi periplo personal por la casa en la que vivo ahora, solo se remonta a este siglo. Tampoco fue construida por mí, ni por las ideas que deambulaban por mi cabeza de "cuanto tenga una casa será..." No, la encontré así. Como está. Bueno, quizá yo la he estropeado un poco... Es más bien joven, aunque pueda parecer más vieja, por la piedra gallega que la rodea. Si miras tras ella, por la ventana de la cocina, puedes vislumbrar el contorno de las montañas. Se desdibujan dependiendo de la luz. En la mañana parecen más cerca que al atardecer que quizá solo es como una especie de dibujo a lápiz, del que solo se ve la línea que las contiene.

El libro y la visita a casa de Jan y Elizabeth...y quizá aún Ibsen, ha sido todo un placer. Jan escribe tan bien que viajas con sus palabras a un lugar recóndito en el mundo. El libro proporciona un mapa pequeña al inicio, de la zona de Gales. Puedes buscar Trefan Morris a través de las palabras de la autora y propietaria de la misma.

Huele ya a Otoño, ¿verdad? estaba con otro libro cuando apareció este como de la nada. He de decir que no abandoné ninguno de los dos. Fue como visitar diferentes casas...ya os contaré, porque el otro no es igual, pero también es un ensayo. 
Los días de piscina ya terminaron...al menos la de verano. Vendrán ahora los chocolates calientes, la chimenea, el olor a lluvia...y los ratos al atardecer leyendo en silencio.
Me iré paseando por vuestro rincones...los echo de menos.

Comentarios

  1. ¡Hola María!! Pues ala, que me apunto a tomar un té con Jan en Trefan Morris, seguro que lo disfruto mucho. La historia de la pareja me parece tan curiosa como bonita, su cambio de sexo, de nombre.
    Cierto, el otoño ya está en el ambiente, incluso en la ciudad se huele ya, se siente
    Un besazo!!!

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  2. Que gustazo de libros, estos sí que son "feel good", me gusta mucho leer sobre la vida de la gente siempre y cuando esté bien escrita y creo que Jan ha tenido, y tiene, una vida muy interesante y el hecho de que haga un recorrido por su casa dice mucho de su personalidad. Me gusta, sí,

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  3. Hola Maria, es verdad que ya huele a otoño. Esta mañana cuando me he despertado ya entraba ese fresquito que se agradece tanto después de todos estos días de intenso calor. Sigue brillando el sol, eso me gusta, pero pronto se empezarán a ver los colores del otoño. Sigo en Mérida así que agradezco el cambio de tiempo, pero echo de menos los colores de los bosques de Asturias. Muy bonita tu entrada, otra escritora que me apunto para cuando saque un ratito. Y sí, yo también creo que entre tus lectores hay muchos escritores, no sé si incluirme o no. Al igual que tú muchas veces quiero escribir, pero no siempre consigo sacar el tiempo para hacerlo. Palabras que se quedan olvidadas en algún rincón de mi memoria. Un beso.
    Noelia

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  4. ¡Qué bonito María! Qué historia tan preciosa la de esta autora, su vida, su camino... su casa. Y bueno, a la vez, tu propia historia. Me ha encantado, he disfrutado como haces tú de este te que sabe mejor en septiembre. Septiembre también es un mes especial para mí. Un beso muy fuerte preciosa :D

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  5. Hola María:

    ¡Qué bonitas tus entradas! siempre traen aroma a té, a chocolate caliente, a leña, a hogar, a otoño y a calor de sofá, mantita y libro.
    Me ha encantado la historia de esta mujer, de su casa y la forma en que tú la cuentas.
    Muchas gracias por este rincón tuyo que nos permite soñar a tant@s.
    Un abrazo.

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  6. Hola María ;)
    El otro día pasé junto a unas arizónicas, recién empapadas por la lluvia... hmm desprendían ese frescor y aroma tan agradable, muy septembrino, diría yo, y te confieso que por unos instantes me embargó una gran sensación de felicidad, un momentito nada más, suficiente. También es un mes especial para mí, nací en este mes, es curioso por que cada año mi cumple coincide... bien con el primer día del otoño, o el último del verano, se van intercalando cada víspera.
    Qué bonita portada del libro, me encanta esa estampa tan rural, ya sabes que soy muy de campo.
    Jaja, me ha parecido deliciosa la anécdota de tu abuela... ¡y tu contestación! Magnífico, me encantan esas anécdotas personales, gracias por compartirla, María.
    Uff, ya creo que es interesante la vida de esa escritora galesa, y su casa que tiene tanta personalidad. A mi me gusta el ensayo, lo leo mucho, por épocas más que la narrativa.

    Preciosas fotos nos dejas. Pues claro que sí, eres escritora, tus palabras tienen alma.
    Un abrazo, María.

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