Aún no se lo he dicho a mi jardín, Pia Pera


Aún queda algo de té humeante en mi taza, en esta maravillosa mañana de Otoño. En la que puedo vislumbrar desde mi ventana a los mirlos y por fin, a algún petirrojo despistado. Pensé que esta temporada no los vería y esta semana han estado en los alrededores. El mirlo sigue pellizcando el suelo con su pico, levantando las hojas de las encinas caducas...y también está pendiente de acicalarse. 

Ha tenido que llegar el Otoño y un tiempo de vacaciones, para poder quedarme por aquí. 


Este libro que traigo hoy conmigo, ha sido la lectura del verano. Me ha acompañado todos los días, incluso al final, en este Septiembre tan agradable, y tan inundado de Otoño. Intenté escribir en Agosto sin éxito ninguno, así que aquí estoy, con esta lectura, que se convirtió en un remedio casi diario a mis pensamientos y meditaciones.

La propia autora desde el inicio, nos cuenta el por qué del título...el encuentro "fortuito" con un poema de Emily Dickinson que lleva esas palabras, y lo que significaron para ella en ese momento. El libro está escrito de forma muy natural, sencilla y te lleva a caminar junto a Pia por su jardín...el que ella diseñó y en el que se está convirtiendo en su sutil ausencia. 

Me invitó a tomar el té con ella, como le sucedía a menudo...y me contaba los tratamientos últimos que estaba experimentando, porque no se rendía a una única versión de su enfermedad. Me hablaba de sus compañeros de sala de espera...de los médicos y médicas, y curiosamente, y entre risas, de la energía que había en su casa, según un amigo de un amigo de la Bretaña...También me hablaba de los libros leídos, de cómo vaciaba la que era su biblioteca, con los libros de sus padres, y cómo iba permitiendo que volasen...algunos de ellos, los releía antes de irse del todo...otros, los tuvo que volver a adquirir, cuando vio que le daba tiempo a seguir leyendo. 

Se sinceraba contando que leía novelas policiacas en las noches de insomnio,...que ya aceptaba y quería....que sabía que llegaban y hasta las esperaba con una tisana, en vez de tratar de vencerlas...


P
ero lo que más me llamaba la atención, era sus conversaciones con amigos que iban a cenar a su casa o que la escribían. Y los autores y autoras que hablaban de su enfermedad, de cómo la vivían...Y lo que ella experimentaba al leer sus palabras, lo que crecía en ella...su encuentro con el hilo de Dios...el momento espiritual que la hacía conectar con ella misma y con su existencia. Sus preguntas desde todas las visiones posibles.

Es curioso, como vivir experiencias tan intensas te hace preguntarte sobre las primeras preguntas antropológicas que todos llevamos escritas de alguna forma inexplicable. 

Con Pia te entran ganas de ser más consciente y libre con lo cercano. Acompañada de su perro Machia se dispone a vivir intensamente lo que su enfermedad le permita. Es la crónica de una muerte anunciada, pero explicada con una sutileza maravillosa. No se trata de un libro triste, sino de aceptación, de búsqueda de horizontes y abierta a respuestas y preguntas. Quizá surgen más estas últimas. 

Pia se desenvolvía de forma autónoma. Vivía en esa casa en la Toscana, con la que muchos, quizá, hemos soñado en habitar alguna vez. Y especialmente vivía con y para su jardín y pondría en primer lugar a su perra... Dejó de dar clases, como profesora especializada en literatura rusa, para viajar a su bosque interior. Pero el crecimiento personal le vino de la mano de la enfermedad que tuvo que padecer. De las palabras no escritas quizá, y de sus descubrimientos personales. 

Violas, pensamientos, recuperados...

Ciertamente, apenas hablamos de las plantas autóctonas de su jardín, de aquellas que pertenecen y luchan siempre por sobrevivir a pesar de los muchos diseños florales o paisajistas que tengamos previstos para ellas. Un poco como ella...como nosotros. En casa tengo un lugar para las plantas que creo que han muerto, porque el macetero está seco y sin embargo...os aseguro que ahora, tras el verano, han vuelto a la vida. No sé si serán los pájaros y los insectos los verdaderos jardineros, el caso es que al vuelto a la vida y verlo hace que el corazón se hinche de alegría.

Zinia en maceta recuperada 


Cuando la leía, miraba mi jardín y pensaba si podía llamarlo así...dado que apenas he plantado unos bulbos que solo veo en primavera, y algunos otros árboles frutales (a parte de las macetas, que no cuentan,...o sí?). Lo demás ya estaba allí...y hubo plantas que decidieron irse...que pertenecían a otro tipo de movimiento que tal vez, les daban las otras personas que habitaron este lugar antes que nosotros. 

Estoy convencida que influimos en lo que nos rodea. Y muy probablemente, cuando me vaya, quizá perduren las encinas...pero el resto, puede habrá otros seres que por mi impronta y forma de cuidar (bastante descuidada o aleatoria) se sientan en disposición de marcharse...Así es la vida y lo que nos rodea.

No puedo por más que recomendar esta lectura...Pia es increíble describiendo lo que le sucede, porque desde el inicio sabes el desenlace. Ella es también parte de ese jardín y de otros muchos...Ahora el libro esta viajando en otras manos y miradas, muy subrayado por mí...incluso escrito en los márgenes...con lápiz...porque hay palabras y momentos de Pia maravillosos...su forma de narrar te hipnotiza y parece de verdad que has ido a cenar con ella y que estabas bajo la pérgola de la glicina que trajo de Asís, saboreando un atardecer, y de su compañía tan excepcional.

Vincas

Salvando mucho las distancias, y siendo a la vez totalmente distintos, este libro, me ha llevado en muchos momentos a recordar "El año del pensamiento mágico" de Joan Didion. O tal vez, (porque ya los confundo un poco) "Las noches azules" de la misma autora. Una narra el dolor y la despedida de este mundo desde una enfermedad que poco a poco la va paralizando, y otra traslada esa sensación al acompañamiento de los seres más queridos, en su despedida de este mundo. Así narrado puede que nadie quiera leerlo...¿a quién le apetece hablar o pensar en la muerte? Sin embargo, es una realidad...y como decía Joan Didion, te va a pasar a ti...cuando menos lo esperes...¿Es aún un tabú hablar de esto, pensar en esto? ¿Viviremos menos intensamente si se convierte en un tema de conversación o de meditación? Creo que todo lo contrario.


Viviríamos de otra forma si tuviéramos presente de forma natural que nos iremos de aquí. No me refiero a estar hablando de ello todo el día, ni a tenerlo en el pensamiento, sino a vivir sabiendo y conociendo nuestra naturaleza. Amando y respetando los procesos que vivimos, los cambios...Siendo conscientes de las despedidas, más como un reencuentro con el universo, como un despertar...aunque duele...claro que duele...pero si miramos a nuestro alrededor...nos daremos cuenta de todo el sentido que tiene. 

Como decía al inicio, tuvo que venir el Otoño para poder estar aquí...paseando entre las hojas ficticias del ordenador...

Espero que estéis bien...detrás de este cristal y de la fuente de letra elegida para escribir...

A parte de disfrutar tanto de Pia Pera, he estado poco a poco más abierta a recibir visitas en casa, a pasear con viejos y nuevos amigos...a viajar por el norte. 



Regalo Otoñal de una persona
muy especial. GRACIAS.

Sin embargo, estas vacaciones otoñales, las estoy pasando en ese jardín olvidado que se supone que "cuido". También estamos reparando alguna que otra gotera, y reestructurando algún que otro rincón, tratando de no quedarnos con la hucha vacía. 

En este tiempo también leí otros libros. A Pia se la puede leer acompañada de otras lecturas. Es un diario, sin días, solo con estaciones...muy peculiar, y agradable. Se conviritó en lectura mañanera, de esas vacaciones ya pasadas. Lo leía y tenía que parar a degustar sus silencios, sus pausas, sus palabras no escritas, y lo que parecía que quería decir al escribir.


Aunque no se trate de libros, también hemos disfrutado de alguna que otra serie. Una de ellas "Modern Love", que trata de los artículos que envían al New York Times sobre diversas historias de amor. Cada serie es una historia distinta, por lo que no necesitas seguirla a modo capítulos, ni temporadas. Son las palabras hechas ficción, con un aíre entre neoyorkino y europeo...muy a lo Woody Allen, pero sin sus miles de preguntas y psicoanálisis...


También he visitado la Feria del Libro, solo una mañana, pero más vale algo...en un Parque del Retiro Otoñal...era tan diferente a otros años, pero el ambiente muy agradable, y las novedades, se hacían tan necesarias...pero he sabido esperar. Algunos libros no hubo manera...se meterieron en mi bolsa de tela y tuve que pagar por ellos.

Así fue y espero ser más asidua por aquí para presentaros "a esos escapistas" en formato libro...


Ayer fui a conocer una librería nueva en Madrid de la que me había hablado mi vecino. A finales de Agosto, me dejó un precioso artículo del periódico en el buzón, y me encantó descubrir a una mujer Andrea Stefanoni y a su Golden Aurora...que habían cruzado el Atlántico para comenzar un nuevo sueño; abrir una librería en el centro de Madrid. Con historia teatral, ya que el edificio pertenecía la Teatro. Igual que la librería de la que venía en Argentina: El Ateneo Grand Splendid.

Ayer pisamos el suelo de la librería La Mistral, con sus escaparates brithis y sus acogedoras estanterías... Baloo nos acompañaba, sin embargo, la amistad con Aurora no cuajó, y aunque ambos son encantadores, algo había que les alejaba, por lo que Baloo y mi compañero de viajes me esperaron fuera hasta que terminé de disfrutar de las estanterías de la librería. 


Allí me encontré una vez más con mi amiga Virginia Woolf...Cómo no iba a estar ella en un lugar tan especial como aquél. La vi en libros, y sin duda, esperando poder disfrutar de algún evento de lo que suelen preparar todas las semanas, con escritores. Los poemas parecen tener un rincón muy especial...aunque todos los libros, especialmente los de editoriales más pequeñas, tienen su lugar en La Mistral. Le deseamos mucha suerte a sus dueñas.

Y ya el té se terminó, pero hice un pequeño descanso y ya estoy con otra humeante taza de té negro normal. Hoy quería sentir que viajaba...

Volveré pronto a dejar alguna que otra palabra por aquí.

Comentarios

  1. Mi querida María, qué ganas de tomar un día un té contigo. Lo que nos cuentas es muy emotivo. Esa lectura es importante y conmovedora. En estos momentos de mi vida no puedo leerlo, lo siento, pero me trae demasiados recuerdos dolorosos de otra muerte anunciada. Sin embargo, lo tendré presente para cuando las heridas empiezan a sanar, pues pienso que merece la pena.
    Me alegro que pudieses visitar la feria del libro de Madrid. Yo lo intentaré el próximo año... Muchos besos cariño :D

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias mi querida Margarita,...desde luego, también me apuntaría a tomar un té contigo.
      Es una lectura muy agradable. Sabes que yo también viví despedidas no hace mucho y este libro relata la historia de una mujer que convive con la enfermedad, y que se prepara para la despedida. Es realmente reconfortante. Entiendo que no todos los libros son para todos los momentos, por eso...cuando te sientas con fuerzas, solo ojéalo en la librería y verás...Te aviso que se mete dentro...y le suelen gustar bolsas de tela...jajaja.

      Un abrazo muy grande y mucha fuerza otoñal.

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  2. ¡Hola María!
    es una alegría inmensa leer tus post, el de hoy especialmente bonito. Se te echa mucho de menos cuando estás tiempo sin dar señales de vida...
    me alegra saber que estás bien, disfrutando del otoño y de tus lecturas. El de Pia Pera (curioso el nombre ¿verdad? no creo que lo lea, el tema me parece un poco triste aunque en el momento adecuado seguro que es reconfortante.
    Yo quería haberme pasado por la Feria del Libro, pero al final no pude ir, igual el año que viene ya es todo normal de nuevo. Fíjate que yo nunca compro ya libros (en casa no me caben y cono en la biblio tengo tantos para elegir...) pero cuando voy a la Feria, siempre cae alguno, no lo puedo evitar y si puede ser firmado por el autor, mejor, tan contenta que me voy para casa.
    ¿Sabes? siempre que te leo mi mente te imagina delante de un portátil en una mesa de tu jardín, rodeada de toda esa naturaleza y vida natural que nos cuentas, una maravilla.
    Vuelve pronto, María, no tardes demasiado en regresar.
    Por cierto, que chula la foto de la cabecera del blog que pusiste...
    Un beso y un abrazo muy fuerte

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  3. Hola, María.
    Me alegro mucho de leerte. Qué foto tan exquisita la de los higos. Tenemos en el pueblo un par de higueras, y hemos recolectado los frutos.
    He leído algunos libros que has recomendado y siempre me han gustado mucho. Así que me apunto este otro y cuando pueda lo leeré-
    La librería La Mistral la tengo pendiente de visitar. Ya te diré-
    Te mando un fuerte abrazo

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  4. Te he conocido a través de Maite, y cual ha sido mi sorpresa que me he encontrado con una persona que le gusta el Té, lo digo por el nombre que le has dado a tu blog. Junto a una taza de té se puede hablar y escribir de todo y me gusta tu última entrada, además veo que eres admiradora de Virginia Wolf, como yo. Este verano he leído "Al faro" y me ha encantado.
    También me ha gustado tu última reseña .
    Me gustaría seguirte , pero no encuentro cómo. Ya me dirás.
    Encantada de haberte conocido.

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